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Hábitos de alimentación (parte 1)


Durante los últimos años, se han modificado las características nutricionales de nuestra población, con tendencia a disminuir la desnutrición, pero con el inconveniente de incrementar el sobre peso y la obesidad.
De forma natural, cuando un ser vivo tiene información en su genética de estar sometido a condiciones disminuidas de aporte nutricional, las generaciones siguientes modifican la información genética para establecer mecanismos de ahorro de energía con el aporte escaso que se ofrezca, y las generaciones siguientes ya estarán preparadas para el ambiente adverso. El inconveniente resulta al paso de los años, cuando se mejoran las condiciones nutricionales, por tener entonces la facilidad para incrementar de peso en base a la acumulación de energía ya establecida de forma genética.
Los médicos encargados de vigilar la salud de los niños, deberán de tener el compromiso de estar pendientes de las enfermedades que presenten y también de evitar las alteraciones en el desarrollo. Lamentablemente en relación al cuidado del desarrollo del peso infantil, se ha descuidado este aspecto durante los últimos años, pero en otras ocasiones  a pesar de ofrecerse las sugerencias o recomendaciones dietéticas especificas, son los mismos familiares quienes hacen caso omiso de estos señalamientos al notar que su niño tiene un apetito “aceptable” y con aspecto gordito como señal de bienestar nutricional. Estas recomendaciones, en especial durante los primeros años de vida, siguen teniendo vigencia y no deben ser motivo de confusión si queremos tener niños con desarrollo nutricional adecuado.
Cuando se analiza el problema de sobrepeso y obesidad en forma global, resulta difícil de encontrar alternativas adecuadas para aplicarse de forma general. No deja de ser loable la noble intención de los legisladores, por establecer leyes que impidan a los niños el consumo excesivo de calorías en la adquisición de algunos productos en las cooperativas escolares, o también querer implementar horarios de ejercicios en toda la población escolar. Se corre el riesgo que no todos los niños sean sujetos de ser limitados en la ingesta o bien que a todos se les obligue a realizar ejercicios sin atender condiciones particulares, y se podrán ver luego niños con peso normal o bajo, involucrados en la actividad similar al resto de sus compañeros por disposición legal.
Para tener resultados favorables en la colectividad, vale la pena ir tomando acciones de forma individual en cada grupo familiar para definir estrategias específicas y solo entonces, podremos tener un mejor resultado general.
Durante la infancia y adolescencia, tenemos modificaciones orgánicas y emocionales que nos condicionaran nuestro desarrollo físico, emocional  y elemental en los hábitos de alimentación y serán los que influyan en una sociedad para tener un desarrollo nutricional adecuado el resto de la vida. Describiremos algunos de los más importantes:
Peso al nacimiento. Determina el estado nutricional que llegamos a tener en el vientre materno y el factor a cuidar de desarrollo normal en los siguientes años. El niño que nace con bajo peso, tiene riesgo de incrementar el almacenamiento de grasas, por estar condicionado a un bajo aporte en su formación orgánica, y tendencia a almacenar el material ofrecido de forma importante. Son niños que con agrado notan los padres que suben de peso de forma rápida posterior al nacimiento y al año de edad están por arriba del valor normal. El niño que nace con peso elevado, sugestiona a los familiares como un individuo al que necesariamente hay que ofrecer alimento en mayor cantidad, comparativo a niños normales.
Frecuencia de alimentación. Tiene que estar condicionado al tiempo de vaciamiento del estomago y también relacionado con el volumen normal. En la medida que se ofrece de forma frecuente y también de mayor cantidad, se le condiciona al estomago a irse deformando en su volumen con tendencia a consumir mayor cantidad para saciar la sensación de apetito. La obesidad excesiva durante la vida adulta contempla en su tratamiento alternativas para eliminar el volumen excesivo que tiene para ese momento el estomago, y esta alternativa se puede evitar desde etapas tempranas. La alimentación en los primeros quince días, es a libre demanda para estimular la formación de leche en la madre y después de este tiempo se ofrecerá en frecuencia de cada tres a cuatro horas.
Alimentos diferentes a la leche. Deberán de ser iniciados de acuerdo al desarrollo que cada niño manifieste, y en especial se deberá de iniciar al momento de notar que el aporte de leche, ya no permite el incremento normal del peso del niño. El error que aun arrastramos de forma burocrática, es el hecho de establecer por instituciones oficiales de salud, este inicio en el periodo de 4 a 6 meses de edad como parámetro obligatorio. Este inicio incluye a partir de ese momento, empezar a estimular la liberación de insulina, para controlar los niveles de azúcar circulante y al paso del tiempo, puede relacionarse con problemas para tener respuesta a esta sustancia (resistencia a insulina),y favorecer a la existencia de problemas relacionados con otra alteración (síndrome metabólico), que incluye al sobre peso o la obesidad como patología adicional. Estos aportes también son iniciados en guarderías en donde debería de contar por lo menos en la atención de estos niños, con personal especializado de enfermería en área pediátrica para sus cuidados correspondientes, pero lamentablemente cuando se hace solicitud de inicio tardío de estos alimentos, el personal no cede al significar mayor carga de trabajo y los familiares tienen que someterse, ante la necesidad de tener disponible un lugar donde “cuiden” de sus hijos.
Evaluaciones periódicas. Con la finalidad de ir comprobando que los niños tengan proporción apropiada entre su peso, talla y edad; se debería acudir para establecer que se tiene un desarrollo sano. Lamentablemente en gran proporción, nuestra población no tiene la cultura de la prevención y solo asisten al médico con la finalidad de curar sus padecimientos.
Tipos de dieta. En nuestro medio y en particular en nuestro estado, se consumen los alimentos por el sabor y aspecto más que por el contenido nutricional. Esta cultura de la alimentación es difícil de modificar por los hábitos específicos de los familiares y la disponibilidad de recursos, que favorecen al consumo excesivo de azúcares en forma de pastas, harinas, almidones, golosinas, postres, refrescos; y difícil de obtener proteínas en base a verduras y carnes. La cantidad es un capítulo especial en cada familia al obligar a los niños de edad variable a comer lo que se sirve en un platillo que forma parte de la vajilla de adultos y como consecuencia el volumen gástrico continuará incrementando. Los niños deben de comer en forma proporcional a su peso (si pesa la cuarta parte del adulto, deberá comer la cuarta parte). A los niños se les deberá de enseñar a respetar horarios de alimentación y no comer de forma irregular.
Por el momento, solo damos algunas referencias con idea de seguir ofreciendo orientación nutricional que nos ayude a mejorar el desarrollo de peso de cada niño y la mejoría en el aporte nutricional de cada familia. Se recomienda pedir información individual a su médico de confianza.